CAPÍTULO 47.
Lina pasó una mano por su cabello, tratando de acomodarlo, al tiempo que Kael se abotonaba la camisa sin apartar la mirada de ella. Se vestían en silencio, como si aún pudieran sentir el roce de la piel bajo la tela, prolongando la conexión que los unía.
Pero entonces…
El alboroto de gritos y pisadas rompió el hechizo.
Kael se tensó de inmediato, sus sentidos alertándose como un animal salvaje. Un gruñido escapó de su garganta cuando su mirada se dirigió al bosque.
Lina parpadeó, desconcertada,