Narrado por Teo
El silencio que dejó cuando se fue no fue un silencio común.
Fue el silencio después de un portazo que te deja solo con tus pensamientos.
El tipo de silencio que duele en los huesos.
Me quedé de pie, frente a la puerta cerrada, con el corazón golpeándome dentro del pecho, como si aún tuviera oportunidad de alcanzarla. Como si no la hubiera espantado yo mismo.
Tenía la mejilla ardiendo, no por el golpe, me lo gané, sino por lo que ese golpe significaba.
“El Teo que me abrazó esa