Narrado por Karina
Salimos del restaurante envueltos en un aire fresco que olía a tierra mojada y a historias por contar. La noche había dejado un manto oscuro sobre Dublín, pero las luces amarillentas de las farolas iluminaban los adoquines con una suavidad casi mágica, como si la ciudad quisiera abrazarnos.
Dante me tomó de la mano con la calma de quien sabe que ningún apuro es urgente. No hacía falta. En su silencio encontraba palabras que nunca hubiera imaginado escuchar.
Las gotas empezaro