Narrado por Teo
No hablamos. No hacía falta.
Su frente contra la mía era suficiente para entender que había una tregua, una rendición compartida. El mundo podía romperse afuera, la tormenta podía seguir gritando sobre los techos, pero ahí, en ese diminuto refugio que éramos los dos, había algo parecido a un principio.
Mi mano fue a su mejilla. Estaba húmeda, tibia, suave. Me detuve un segundo, esperando que se apartara, que pusiera una distancia. Pero no lo hizo. Al contrario, cerró los ojos co