NARRADO POR TEO
No se movía.
Sus párpados temblaban, casi imperceptibles, como si algo dentro de ella siguiera huyendo. Como si la caída aún no hubiera terminado del todo.
No la había soltado desde que llegamos al hospital. Ni cuando la acostaron. Ni cuando preguntaron si era su pareja y asentí sin pensar. ¿Qué otra cosa podía decir?
¿Amigo?
¿Responsable de su caída?
¿El idiota que no puede dejar de mirarla aunque no diga una sola palabra?
Ahora, con las luces tenues de la habitación y el bip c