Narrado por Karina
La madrugada en el hospital tenía un ritmo diferente. Todo era más lento, más frágil. El mundo parecía contener la respiración.
Yo no dormía. El dolor en el costado no me dejaba. Pero no era solo eso. Había algo que me mantenía despierta. Algo que se movía muy cerca, era Teo.
Estaba en la silla plegable que habían traído para él. Se había negado a irse cuando anocheció. Se negó otra vez cuando le ofrecieron volver por la mañana.
“Me quedo”, dijo simplemente. Y se quedó.
Ahora