Narrado por Karina
El aire olía a tierra húmeda, hojas viejas y ese silencio extraño que a veces respira entre los árboles altos. Caminábamos por un sendero inclinado, apenas marcado, cubierto de ramas secas y raíces que sobresalían como trampas.
Dante iba adelante, con seguridad forzada. Sofía lo seguía a corta distancia, riendo por algo que él había dicho. Detrás, Teo y yo avanzábamos más despacio.
Él no decía nada. Yo tampoco podía, claro. Pero aún así, su silencio me pesaba.
A veces lo mira