La tarde en la mansión Fernández tenía un aire de calma y normalidad, algo que Isabella y Sebastián habían aprendido a valorar tras meses de misiones y caos. La luz del sol se filtraba a través de los ventanales, iluminando los espacios amplios y ordenados, mientras Elías jugaba con algunos de los niños de la familia en el salón principal.
Fue en ese momento cuando el timbre sonó. Isabella, intrigada, se acercó a abrir la puerta. Para su sorpresa, quien estaba parada frente a ella era Tatiana,