Mundo de ficçãoIniciar sessãoHace cinco años, Isabella Fernández fue vendida, para robarle la herencia de muchas compañías que le dejaron sus padres, cuando sus padres se perdieron en un viaje en avión a través del mar, resultado de una trampa provocado por su propio asistente, Ahora ella ha regresado para reclamar lo suyo, y llevar a los a los delincuentes a prisión y realizar su venganza con cualquiera que esté involucrado en su antiguo secuestro
Ler maisLa vida, tantas veces marcada por intrigas, secretos y dolor, había terminado por encontrar su cauce en un río de calma y amor. Isabella, aquella joven que en un principio cargaba con el peso de un apellido, de traiciones y luchas interminables, ahora era mucho más que la heredera de dos linajes poderosos: se había convertido en el corazón de una familia unida. Los años pasaron y la mansión Fernández se convirtió en un refugio de memorias. En cada pasillo aún se respiraba la historia de batallas contra organizaciones ocultas, de alianzas forjadas en la adversidad y de la valentía que había sido necesaria para derrumbar imperios de sombras como Delta Rojo o el Consejo de Sangre. Pero ahora, el eco de esas luchas se había desvanecido. Lo que reinaba en la vida de Isabella y Sebastián era la cotidianidad, la que tanto habían deseado. Cada amanecer en la mansión o en la isla Fernández estaba acompañado del bullicio de Valentina y Alejandro, los gemelos que habían heredado la fuerza y l
Habían pasado ya dos meses desde aquel día en que la vida de Isabella y Sebastián cambió para siempre. La llegada de Valentina y Alejandro, los gemelos, había llenado su mansión de risas, llantos, cantos de cuna y un amor indescriptible. El hogar parecía latir al compás de los pequeños, como si cada rincón se hubiera impregnado de su inocencia. Sebastián, que antes se había mostrado siempre como un hombre fuerte y seguro, había aprendido en ese tiempo a cambiar pañales, preparar biberones y a caminar de madrugada, con los ojos entrecerrados, arrullando a uno mientras Isabella alimentaba al otro. Ella, radiante en su maternidad, era la imagen de la ternura y la fortaleza. Aunque las noches eran largas y las horas de descanso escasas, juntos habían encontrado un nuevo ritmo de vida. Y en medio de ese ambiente, se acercaba una fecha especial: el fin de año. Isabella tenía en su corazón un deseo profundo: reunir a toda la familia y a sus seres más queridos en una gran celebración. Que
La mansión que Adam y la familia Montero habían regalado a Isabella como presente de bodas parecía brillar bajo la luz de la tarde. Cada rincón de aquel hogar reflejaba elegancia y calidez, pero lo más especial estaba en el segundo piso: el cuarto de los bebés. Las paredes, pintadas en un tono crema suave, estaban decoradas con delicadas ilustraciones de estrellas y nubes. Unas cunas blancas con encajes grises y detalles dorados descansaban en el centro, aunque nadie imaginaba que pronto sería ocupada, Isabella. Con su vientre abultado por los siete meses de embarazo, pasaba su mano por la superficie pulida de la cuna, sonriendo con ternura. —Mira, Sebastián —dijo ella con voz dulce mientras acariciaba la cuna—, creo que ya casi está todo listo. Falta colgar esas pequeñas cortinas de encaje y el móvil de estrellas. Sebastián, siempre atento, estaba colocando un cuadro en la pared. La figura de un árbol genealógico familiar, un regalo de la abuela Susana Montero, que quería que su n
Habían pasado ya dos meses desde la gran celebración de la boda de Isabella y Sebastián en la isla Fernández. La vida había retomado un ritmo armonioso, lleno de momentos familiares y de felicidad compartida. Pero ahora, Isabella se preparaba para un evento igual de especial: la boda de Rayan y Karina. Esta vez, la ceremonia tendría lugar en el hotel más elegante de Ciudad Segovia, un palacio moderno con salones imponentes, candelabros de cristal y vistas espectaculares a la ciudad iluminada. Karina estaba en la suite nupcial del hotel, rodeada de sus diseñadoras y estilistas. La luz suave de la mañana entraba por los ventanales y resaltaba los detalles del vestido: un diseño elegante en tonos marfil, con encajes delicados que abrazaban su figura y una cola que caía suavemente sobre el suelo de madera pulida. Su cabello estaba recogido en un moño bajo, adornado con pequeñas flores blancas que contrastaban con su piel. Vanessa, radiante y sonriente, la ayudaba con los últimos toques m





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