La promesa.
Dos días después, Luis movía su débil cuerpo. La enfermedad lo agitaba y lo cansaba con frecuencia. En uno de sus sueños más profundos, apareció en medio de una noche cubierta de bruma; parecía una cortina de humo. De pronto, se encendió una luz, luego otra, y así sucesivamente, hasta que pudo ver que se encontraba en el centro de una pista de patinaje.
—¿Qué hago aquí? ¿Papá? ¿Mamá? —el niño llamaba a Sofía y a Gustavo, pero en lugar de ellos, vio a su tío Ángel y a la bella Melany, quienes re