El divorcio.
De vuelta en el hospital, Melany reclinó la cabeza sobre el pecho de Ángel, aferrándose con fuerza a su amado.
—¡Ángel, tengo miedo de ese hombre! —exclamó con voz temblorosa—. Fabricio no me dio buena espina... él quería hacer algo, lo conozco muy bien.
Quizás sí logró presentir las verdaderas intenciones de su esposo.
Al sentirla temblar, Ángel inclinó la cabeza y le besó con suavidad la mejilla.
—¡Miller no puede hacerte daño! Estás conmigo. A mi lado no tienes por qué sentir temor —le a