Un secuestro.
Desde entonces, Ángel no ha hecho más que dedicarse al niño. El día del entierro, no soltó su mano; y aunque no lo vio llorar, sabía cuánto estaba sufriendo. Hoy comprende que ese dolor sigue tan vivo como aquel día.
Al ver a Melany abrazando a Luis, Ángel entendió una sola cosa: solo el amor de una familia puede sanar a su sobrino. Fue testigo de cómo el abrazo de Melany apaciguó al niño.
—Eso es lo que él necesita... —pensó—. Una familia completa, como la que solía tener. ¡Luis será muy feliz