Hagan su trabajo.
A un lado de ellos, Yeimy sonrió.
—Te dije que Luis nunca olvida algo. ¿Crees que ese recibimiento fue para ti? Pues no, mi licenciado. Ese niño espera el autógrafo.
—¡Bien, bien! —Luciano tuvo que sacar el obsequio para el niño: una camiseta de la selección de Argentina, firmada por todos los jugadores. Pero la más grande y destacada era la firma de su ídolo, el gran crack del fútbol.
—¡Oh, por Dios! —los ojos del niño se iluminaron como dos luceros—. Señor abogado, ¡estas son las mejores firm