Corazón de madre.
En ese momento, Ángel extendió su mano y sostuvo con delicadeza los dedos de su amada.
—Mi vida, no importa lo que hagas… si lo haces con amor, es suficiente para mí. Aunque lo dulce te quede salado, lo comeré, porque lo hicieron tus manos.
—Ángel… —la chica inclinó la cabeza y respondió con dulzura—. ¡Me esforzaré por ti! Para no acabar contigo por el estómago.
Ángel creyó que estaba bromeando, pero ya había comprobado que no era así.
—¡Melany querida! Sé que puedes con eso. Me has demostr