—¿Te sientes mejor, Juana?
La palidez en el rostro de la señora fue pasando de a poco. Miraba en silencio a su amiga.
—Sí, verte viva después de estos meses de angustia es un milagro. ¿Dónde estabas?
Diana suspiró profundamente antes de contar todo lo sucedido.
Juana no se atrevía a mirar a Diana a los ojos, temiendo que el reflejo de su propia lástima terminara de romper lo poco que quedaba de su amiga.
—Y eso fue todo lo que sucedió, ahora Sebastián está preso y no descansaré hasta quitarle