—Se me antojó un vaso de leche con sandwich.
—Yo mismo te lo preparo, amor.
La sonrisa de Sebastian era la de un esposo abnegado que ama a su mujer.
Sentada en la mesa de la cocina, lo vio preparar su antojo.
Diana arrugó la frente y se llevó las manos a la cabeza, eran tantos recuerdos uno tras otro.
Esas mismas manos que le preparan el sandwich, le habían colocado una pistola en el cuello.
“Mis hijos, Robert tiene que saber que estoy aquí.”
No gritó. No lloró. Se llevó una mano a la boca par