Habían dos patrullas y esas luces encandilaron el rostro de las mujeres.
“¡Oh! ¿Qué hacen ellos aquí? No les puedo decir que hago en esta mansión.”
Diana, no sabía si podía confiar a plenitud.
El comisario Vargas, un hombre de rostro curtido y ojos cansados, esperaba una respuesta.
—Yo solo quise mostrar a mi amiga el lugar en el que estuve cautiva. Le parecerá tonto, pero esa es la verdad.
—Señora , no debería estar aquí —dijo Vargas, no con reproche, sino con una cautela profesional. — Mis h