—Esta no es nuestra mansión.
Acarició el pasamanos de la escalera de madera, un vacío en su estómago y esa sensación de estar en un laberinto le angustiaba.
—Nos mudamos aquí hace casi dos años, no te preocupes, sé que te sientes en un mundo extraño, con la mente en blanco.
—No puedo recordar ese accidente, ten paciencia conmigo.
—Eso no tienes ni que decirlo, eres mi esposa, estamos juntos en esto.
Diana sonrió con timidez, para ella Sebastián era su protector, un hombre encantador que la a