Al llegar la noche Becca deambulaba por las calles, sus lágrimas se mezclaban con el frío, pero ella no lo sentía; el verdadero hielo estaba incrustado en su pecho. El dolor la abrasaba, con una mezcla de rabia y desesperación.
Renunciar a Asher no estaba en sus planes… pero su instinto de madre la desgarraba por dentro: no podía permitir que un inocente sufriera lo mismo que sufrió su hija.
—Maldita… —gruño empuñando sus manos—. Maldita y mil veces maldita. Sé que es una trampa, pero… si exist