—¿No te has sentido mal otra vez? ¿Mmm? —Karim la miró a los ojos, ella negaba.
Adam los miraba absolutamente quieto, sintiendo una fuerza inusual, un sentimiento prieto recorrerle entero.
—Vinimos aquí por ti —dejó Karim en el oído de su esposa a modo de susurro. Tomó su mentón con un par de dedos para que ella le mirase—. ¿Te vas a poner otra vez rebelde, aquí, delante de esta gente? No creo que te atrevas y menos hoy. No te conviene, ¿verdad, Jaya?
Los presentes escuchaban murmullos, pero