Ella lo miró fijo al rostro, quería comprender qué tanto sabía, pero quedaba claro que su marido había descubierto su experticia en defensa personal, tenía que haber descubierto algo más para definirla como una mujer que sabía disparar.
—¿Qué estás haciendo? —preguntó ella—. ¿Quién ha tocado esa arma? Yo no debería…
—No, no, no, no. No te desvíes, ¡no apliques tu maldita estrategia psicológica conmigo! —Jaya respingó un poco con el grito—. Toma la pistola.
—No voy a agarrar nada.
—¡Entonces c