Camila
Me estremecí cuando Julián aumentó la fuerza con la que me agarraba de la cintura. Si yo lo había extrañado, él parecía haberlo hecho también. Profundizó el beso y gemí cuando sentí su lengua que se paseaba posesiva dentro de mi boca.
Las manos que habían estado sujetando mi cintura, se metieron debajo de mi camisa. El tacto cálido de sus yemas desató un corriente eléctrica que me recorrió de arriba abajo.
—Te extrañé tanto —susurró en mi oído.
Su aliento cálido contra la piel sensible de mi oreja y mi cuello hizo que el cuerpo se me erizara.
—También te extrañé —le dije con la voz temblorosa, apenas en un hilo.
Julián me miró un instante antes de hundirse de nuevo en mi boca. Sin dejar de besarme, comenzó a desabotonar la blusa de seda. Una mano grande y cálida se posó sobre mi seno cubierto por el encaje del sujetador, gemí cuando él apretó la tierna carne de mi pecho. Sus dedos se deslizaron por dentro de la fina prenda, las yemas acariciaron mi piel. Finalmente, él sacó la