Camila
Me senté en sus piernas, sus ojos febriles estaban fijos en los míos, con una mano me abrazaba y la otra se deslizaba sobre la piel desnuda de mi muslo, arrancándome un escalofrío. Estaba muy cerca de obtener lo que quería, de que él se rindiera y me dijera en qué andaba esa tarde.
—Camila —murmuró con voz ronca, su aliento cálido cargado de deseo.
Me incliné sobre su rostro apenas insinuando un beso y entorné la mirada. No era solo él, también yo sentía que me quemaba. El perfume varoni