A veces me preguntaba cómo seguía caminando. No es que creyera que mi dolor fuera más grande que el del resto de las personas, pero era agobiante.
En el lapso de pocos meses había terminado mi matrimonio de cinco años, nada menos que porque el hombre de quien me casé enamorada me golpeaba y en uno de sus ataques de furia me asfixió hasta que casi perdí el conocimiento. Ese mismo hombre me quitó a mi hija.
Luego conocí a Julián.
Estacioné frente a la tienda de electrónica y me limpié las lágrima