Camila
El timbre sonó e Isabella saltó del sofá, emocionada, gritando “¡papi, papi!”.
Mi corazón dio un vuelco y volteé a ver a Julián. Él estaba sentado en la cocina saboreando su café y revisando las noticias en su teléfono. En cuanto el timbre sonó, alzó los ojos y los fijo en la puerta, todavía cerrada. La situación me ponía ansiosa, tenía miedo de abrir la puerta y que de pronto estallara la tercera guerra mundial.
Pero Isa no esperaba. Me jaló del pantalón.
—¡Mami, mami! —exigió mientras