Julián
Rodeé la plazoleta con la fuente y la estatua de Hermes y detuve el auto frente a la escalinata de la mansión de los Gil. Al salir reconocí el de mi madre, el de mi padre y como ¿no?, el de Octavio, alineados en el área destinada para estacionar.
Suspiré antes de subir el primer escalón. Un año atrás mi vida está imbuida en reuniones como esa, donde la familia Gil, la mía y la de Octavio compartíamos con otras prominentes de la esfera social de la ciudad. Los Gil, los Mendoza y los Orteg