Luego de pasar el trago amargo del enfrentamiento con Marina, recibí la llamada de Servicios Sociales, una trabajadora iría al día siguiente a inspeccionar el departamento de Julián, mi supuesto hogar.
Esa noche casi no dormí y por la mañana estaba muy ansiosa.
—Cálmese, Camila, todo saldrá bien —dijo Julián, al verme cambiar de lugar el florero con los lirios por décima vez.
Exhalé un par de veces, el corazón me latía en la boca, la mandíbula la sentía rígida.
—Creo que deberíamos tutearnos —d