Capítulo 27. Un trato con mayores beneficios.
—Degenerado, no soy tu esposa para que me andes mirando y tocando. ¿Dónde quedó la parte de ser compañero? Estás violando mi privacidad e incumpliendo tus propias palabras— le gritaba Lizbeth, histérica y con ojos cerrados.
—¡Shuss!— Él le exigió silencio, colocando un dedo sobre sus labios.
Ella se quedó estática y bizca, centrando sus ojos incrédulos en aquel dedo que acariciaba su boca de una manera provocativa.
— Estas paredes tienen oídos. No olvides que eres mi esposa —aseguró travi