Capítulo 26. ¡Esposo no me veas desnuda!
—A mí me puedes decir lo que quieras, pero ofender a mi madre y culparla por la muerte de la tuya, no lo hagas, no te lo dejaré pasar — le reclamó Sebastián, respirando resentido.
Mientras que Samuel no hizo amagos de devolver el golpe; ya lo había intentado varias veces y siempre salía muy golpeado. A diferencia de Sebastián, él no sabía cómo lanzar o esquivar un golpe; solo serviría como saco de boxeo.
—Lo que sucede es que la verdad duele. Sigues comprando empresas arruinadas para sacarlas