Capítulo 120. ¡Mientes!
Como parte de su ritual matutino, Sebastián se había ido a la empresa con las primeras luces del alba, cuando la ciudad comenzaba a desperezarse lentamente.
Mientras tanto, Lizbeth, quien había acordado reunirse con él para comprar ropita para sus bebés, bajaba en el ascensor de cristal, contemplando la vista panorámica de la ciudad que empezaba a cobrar vida.
Su teléfono, un elegante modelo de última generación, vibró en su mano con la urgencia de una llamada entrante.
“¡Amiga, por favor, m