El tiempo nunca se detiene , una ley indiscutible. Pero para ellos, en ese instante, pareció hacerlo.
Jack sintió una mirada fija en él, una luz intensa en aquellos ojos que no dejaban de observarlo. Unos labios suaves, de un color melocotón irresistible, lo tentaban a tocarlos.
Por otro lado, Lucía sintió cómo unas manos se posaban con delicadeza en su cadera. El calor que transmitían era reconfortante. Tener su rostro tan cerca de él…
Lindo… un ángel… me enamora… —pensó Lucía, perdida en el mo