Me puse el relicario en el cuello. Miré el desorden a mi alrededor. Cerré mis ojos, levanté mis manos y como si yo fuera Matilda, los libros se pusieron en su lugar. Salí del castillo y me dirigí a la aldea. Más personas seguían enfermas.
—¿En dónde estabas? —preguntó Edon.
—En la biblioteca haciendo algo importante.
—Las cosas están empeorando, más y más aldeanos presentan el mismo síntoma, algo los está contaminando y no sabemos qué. En cuatro horas inicia el eclipse y tengo un mal present