Un lobo blanco, blanco como el inmonente Everest, sus ojos como dos infrarrojos, sus colmillos corto punzantes y sus garras afiladas. Así es como Edon hacía su presentación y marcaba la cara del monstruo en que se había convertido su hermano.
A pocos metros Circe lo miraba incrédula. Aún no podía creer que Edon estuviera aquí. Dudó en su supervivencia, pero ahora estaba aquí.
Fray se levantó del suelo y vio a su hermano convertido en lobo. Sintió terror y odio a la vez. Para él. Edon estaba m