A esa hora no había nadie.
Daisy dio una vuelta buscando algo que le sirviera y encontró un vestido rojo largo, arrastrando hasta el piso, que se ajustaba bastante a su talla.
Sin pensarlo demasiado, se lo puso y buscó también una máscara.
Podría haberse maquillado al punto de que ni Fernando la reconociera —sus técnicas de maquillaje eran tan buenas como llevar una máscara de piel—, pero no tenía tiempo suficiente para eso.
Una vez lista con su vestido y máscara, Daisy regresó al salón.
Imitand