Justo en ese momento, su teléfono vibró con la llamada de Ginesa. Revisó con la mirada que no hubiera nadie cerca y, entonces, contestó en voz baja:
—Tía…
La voz de Ginesa al otro lado sonaba realmente preocupada:
—Niña, ¿cómo es que pasó algo tan grave y otra vez no me lo dijiste? Si la señora Ortega no me hubiera llamado, ¿pensabas mantenerlo todo en secreto?
—He estado… muy ocupada —respondió Daisy, presionando con fuerza sus sienes adoloridas.
—Ay… —suspiró Ginesa—. ¿Cómo está Javier?
—Sigue