El crujido de la grava bajo los neumáticos del sedán de Caleb anunció su regreso a la mansión Winchester, esa jaula dorada que ahora sentía más fría y opresiva que cualquier oficina. El sol de la tarde se reflejaba en las imponentes ventanas, cegador, pero sin calor. Allison, que había estado esperando junto a la ventana del vestíbulo desde que su Mercedes negro desapareció por la mañana, se ajustó el sencillo vestido de punto y se alisó el cabello. Una máscara de esposa serena y preocupada se