—Lion? ¿Estás bien? —La voz de Edward, su padre, sonó a su lado, cargada de genuina preocupación.
Lion intentó responder, pero las palabras le llegaron lentas y pesadas a la lengua.
—Calor... —Logró mascullar, llevándose la mano a la frente. —Demasiado... calor.
Fue entonces cuando Allison se acercó, como un buitre olfateando la debilidad.
—Pobre Lion. —Dijo Beatriz, con una voz melosa que le raspó los sentidos. —Pareces acalorado. Tal vez necesites un momento de tranquilidad. —Su mano, fría y