El aire frío de la ciudad golpeó el rostro de Beatriz como un recordatorio de su humillación. El eco de las puertas de vidrio del edificio Winchester cerrándose a sus espaldas sonaba como un portazo final. Ajustó la correa de su bolso con un gesto brusco, teniendo los nudillos blancos de ira, cuando su mirada, aún cargada de veneno, se cruzó con una figura familiar que acababa de salir de un coche negro estacionado justo enfrente.
Olivia.
Por un instante, la máscara de Beatriz se quebró, mostra