El aire en el Mercado de las Sombras olía a soldadura, sudor y la promesa eléctrica de estática. La mujer joven con los cables en las manos se llamaba Jia. Tenía los ojos de un negro intenso y en ellos ardía el brillo febril de quien ha encontrado un propósito en la resistencia.
—Vosotros tenéis equipo de verdad—dijo, señalando el maletín de medición de Lion—. Nosotros tenemos… chatarra inspirada. Podemos aturdir sus sistemas, causar cortes locales. Pero ellos se reconfiguran en minutos. Es com