Las secuelas de la batalla en la Cúpula de los Ecos fueron una mezcla de triunfo amargo y paranoia aguda. Los Fragmentos capturados, incluido Corvin, fueron entregados a las autoridades británicas bajo cargos de vandalismo, agresión y posesión de armas sónicas no registradas. Los «cazadores» resultaron ser contratistas de una empresa de seguridad privada con sede en Delaware, cuyos clientes finales permanecían ocultos detrás de capas de sociedades pantalla. El mensaje era claro: el interés corp