El plan de Clara era diabólico en su simplicidad psicológica. El Artesano era un fantasma que se alimentaba del anonimato y la admiración tácita de sus pares. Su poder residía en ser una leyenda sin rostro, una firma en sistemas comprometidos. Arrebatarle eso sería una destrucción más profunda que cualquier cárcel.
Para ello, necesitaban un escenario impecable y una carnada irrefutable. Samuel lo llamó «Operación Gorgona»: mirar al fantasma a los ojos para convertirlo en piedra.
El escenario se