La idea de Lion germinó durante setenta y dos horas de análisis febril. Si el Cartógrafo era un artista del espectáculo, sediento de revelar la hipocresía, entonces la trampa debía ser una obra maestra de la decepción verosímil. No bastaba con tenderle un señuelo; había que construir para él un espejismo completo, una grieta en la fachada de la Fundación Aurora que fuera tan irresistible como verídica.
Samuel dirigió la operación desde lo digital. Bautizaron el plan como «Proyecto Espejo Roto».