El temblor en el dedo de Samuel no se repitió. Los párpados dejaron de agitarse. El sensor que había captado la fluctuación volvió a su línea plana y mortal. Pero el eco de ese instante, esa chispa fugaz, se había grabado a fuego en Gabriel. No era una ilusión. Lo había sentido. Algo, en lo más profundo de Samuel, había respondido.
El médico, escéptico, insistía en que eran espasmos post-mortem, reflejos residuales de un sistema nervioso en apagón. Propuso inducir la criopreservación total para