El sonido no fue un estallido, sino un **vacío**. Un hundimiento de toda frecuencia sonora y electromagnética en un radio perfecto. En la sala de control, las pantallas se apagaron no con un parpadeo, sino como velas sopladas de golpe. Las luces LED de los equipos de Kronos murieron. Las armas de pulso de los guardias cayeron inertes, sus circuitos fritos. La tableta de la mujer se volvió un trozo de cristal y metal muerto en sus manos.
Y Samuel se desplomó como un muñeco de trapo, el brillo az