Samuel permaneció arrodillado junto al artefacto inerte, con el olor a ozono y plástico quemado impregnando el aire. Las sirenas se acercaban, transformándose de un lejano presagio a un aullido estridente que rasgaba la noche justo frente a la verja principal. Luces azules y rojas destellaban a través de las ventanas rotas, pintando la habitación violada de Lion y Olivia con los colores de la emergencia.
No había tiempo para el alivio.
Los nanobots, sobre exigidos, le reportaban una oleada de da