La grieta entre ellos se convirtió en un abismo silencioso que atravesaba cada habitación de la mansión. Lion, herido y reconcentrado en su fría eficiencia, dirigía la operación desde su estudio como un general distante. Olivia, consumida por la culpa y el agotamiento, se refugiaba en el ala de música, sus dedos acariciando el piano, pero sin producir sonido, como si el silencio fuera el único refugio de su verdad.
Fue en medio de esta tensión gélida cuando la bomba, por fin, mostró su cuenta r