La fachada de la "Gran Renovación Winchester" comenzó a mostrar sus primeras grietas, finas como las del hormigón del "Edificio Aurora", pero igual de preocupantes. La operación de reubicación avanzaba, pero como un río encontrando obstáculos: piedras de desconfianza y troncos de testarudez.
La primera y más significativa de estas piedras era Alistair Finch. Un hombre de setenta y ocho años, con espalda recta y mirada de halcón, que había pasado cuarenta de ellos como ingeniero civil. Vivía en e