La puerta del ático de Knightsbridge se cerró de un golpe sordo, sacudiendo los frágiles marcos de los cuadros. El ambiente dentro era pesado, cargado del aroma a narciso y una ira que tenía sabor a metal. Camila, despojada de toda máscara social, padecía como una leona enjaulada. El kimono de seda se abría con sus movimientos bruscos, revelando una figura tensa y vibrante de furia.
Silas entró con su sigilo característico, pero esta vez su imperturbabilidad era como yeso fresco sobre una griet