Cintia podía parecer indomable, pero, en realidad, no era tan intrépida como aparentaba. Siempre había sabido que era la hija de una trabajadora de un club nocturno y que su padre nunca la reconoció. Su vida no había sido ni limpia ni fácil, y usaba su apellido Saavedra como una barrera de protección, para proyectar una seguridad que no sentía. La gente la temía y le daba su lugar, pero en el fondo, esa identidad era su único refugio.
Y luego llegó Gabriela, y todo cambió.
La primera vez que Cin