—Gabriela, ¡qué inútil eres! —Cintia despertó, pálida y exhausta. Al enterarse de que Álvaro había estado y luego se había marchado, suspiró, desanimada—. Estoy al borde de la muerte, perdiendo sangre como loca, y aun así intenté darte otra oportunidad con él. ¿Cómo no aprovechaste? ¿Te gusta ver cómo Noelia se siente tan segura?
“Me da igual”, respondió Gabriela, cortante.
Cintia la miró, atónita. Luego, con un tono más serio, preguntó:
—¿No estarás ignorándolo solo por Noelia, verdad? ¿Lo has